Misa de Nochebuena 24 de Diciembre de 2010

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  • Primera Lectura: Isaías 9, 1-3.5-6
    «Un hijo nos ha nacido»El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que vivían en tierra de sombras una luz les ha brillado. Has multiplicado su júbilo, has aumentado su alegría; se alegran en tu presencia con la alegría de la cosecha, como se regocijan los que se reparten un botín.
    Porque, como hiciste el día de Madián, quebrantaste el yugo que pesaba sobre ellos, la vara que castigaba sus espaldas, el látigo del opresor que los hería. Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: sobre sus hombros descansa el poder, y su nombre es: «Consejero prudente, Dios poderoso, Padre eterno, Príncipe de la paz».
    Acrecentará su soberanía y la paz no tendrá límites; establecerá y afianzará el trono y el reino de David sobre la justicia y el derecho, desde ahora y para siempre.
    El amor ardiente del Señor todopoderoso lo realizará.
  • Salmo Responsorial: 95
    «Hoy nos ha nacido el Salvador.»Canten al Señor un canto nuevo, que toda la tierra cante al Señor. Canten al Señor, bendigan su nombre.
    R. Hoy nos ha nacido el Salvador.

    Celebren día tras día su victoria. Propaguen su grandeza entre las naciones, sus maravillas entre todos los pueblos.
    R. Hoy nos ha nacido el Salvador.

    Que se alegren los cielos y se regocije la tierra, que resuene el mar y cuanto lo llena; que exulten los campos con todos sus frutos, que aclamen los árboles del bosque.
    R. Hoy nos ha nacido el Salvador.

    Ante el Señor que viene a gobernar la tierra: gobernará con justicia al mundo, a las naciones con fidelidad.
    R. Hoy nos ha nacido el Salvador.

  • Segunda Lectura: Tito 2, 11-14
    «La gracia de Dios se ha manifestado a todos los hombres»Querido hermano: La gracia de Dios se ha manifestado para salvar a todos los hombres, enseñándonos a renunciar a la irreligiosidad y a los deseos mundanos, y a llevar ya desde ahora una vida sobria, en espera de la gloriosa venida del gran Dios y Salvador, Cristo Jesús, nuestra esperanza.
    El se entregó por nosotros para redimirnos de todo pecado y purificarnos, a fin de convertirnos en pueblo suyo, fervorosamente entregado a practicar el bien.
  • Evangelio: Lucas 2, 1-14
    «Hoy nos ha nacido el Salvador»Por aquellos días el emperador Augusto promulgó un decreto ordenando que hiciera el censo de los habitantes del imperio. Este censo fue el primero que se hizo durante el mandato de Quirino, gobernador de Siria. Todos iban a inscribirse a su ciudad de origen.
    También José, por ser de la descendencia y familia de David, subió desde Galilea, desde la ciudad de Nazareth, a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén, para inscribirse con María, su esposa, que estaba encinta. Mientras estaban en Belén le llegó a María el tiempo del parto, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada.
    Había en aquellos campos unos pastores que pasaban la noche en pleno campo cuidando sus rebaños por turnos. Un ángel del Señor se les presentó, y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Entonces sintieron mucho miedo, pero el ángel les dijo:
    «No teman, pues les anuncio una gran alegría, que lo será para ustedes y para todo el pueblo: les ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Esto les servirá de señal: encontrarán un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre».
    Y de repente se reunieron con el ángel muchos otros ángeles del cielo, que alababan a Dios diciendo:
    «¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que gozan de su amor!».