Escuelita III

La intención primera y final de estas reflexiones van enfocadas al encuentro de la fidelidad, a nosotros mismos y a la realidad y misión a la que nos sentimos llamados.

No hay fidelidad a la respuesta que Dios nos pide para una labor concreta si no nace de la conciencia interior, reconocida personalmente. De otro lado, si lo que se trata es de servir a Dios y a su Proyecto. Este está explícito “en Espíritu y en Verdad” en su Palabra. Para acceder a su entendimiento hemos de saber que nuestra vocación primera es la de mujeres y hombres libres. Dicho de otra forma, si no nace desde la Libertad que a Dios Glorioso no podrá generarse lo que Dios quiere de cada uno. En el momento en que lo realizamos con este profundo conocimiento de sus raíces, nos convertimos en “administradores de sus misterios”, lo cual nos exige, por definición y como única razón de la tarea a la que nos entregamos, FIDELIDAD. Entendido esto podemos estar en la segura convicción de que, de ser según ÉL nos pide, con ÉL recogeremos con los demás para su Causa. De no ser así, nuestros esfuerzos se desparramarán, no sumarán con los millones de esfuerzos que otros hacen en Su Nombre.

Es por esto por lo que esta tarea que estamos iniciando va en exclusiva orientada al conocimiento real de lo que hacemos. Antes de hablar de fidelidad y conciencia no podemos asegurar que aquello que queremos y nos proponemos – desde lo mejor y más generoso de nosotros – hemos trabajado aquello que creemos lo que Dios quiere de nosotros. Y siempre hemos de cuestionarnos que posiblemente – por inconsciencia – podemos ser infieles a aquello que pretendemos vivir como la realización de nuestra vida.

Esta es la razón de lo que se intenta. Mirarnos en nuestro interior, sabernos en ese mínimo seguro que nos garantice que estamos en la onda del Espíritu, reconocer si con quienes lo intentamos hay certeza de tener confianza y unidad en la tarea, en sus raíces y lo distinto que somos. ¿Cómo podemos hablar de misión evangelizadora, si estas cuestiones permanecen en crisis de forma constante? Las respuestas son personales, íntimas, intransferibles, solo a nosotros y a Dios. Cada quién recibirá en su vida la coherencia con aquello que intenta. De ningún otro es la responsabilidad, y por supuesto, el gozo de haberlo entendido y respondido desde lo mejor de sí.

Para ayudarnos a reflexionar podemos leer los siguientes temas:

MIL CAMINOS

Jos 1,9 – Jn 14,6

Hay mil caminos en la vida,

unos que vienen y otros que van.

Toda la tierra es una contradicción:

hay tiempos para las sombras y para el sol.

Horas dormidos y horas despiertos,

tiempos de gozo y de dolor,

tiempos de vida, tiempos de morir,

tiempos de odio y tiempos de amor.

Del dolor seré contradicción,

pactaré tan solo con el amor

y mi tiempo será para el que a Dios no vio;

sufriré sus ausencias de Dios

Andaré los caminos de Dios,

hablaré a los hombres de amor

y mi vida será aire, gozo y frescor

de Jesús, de Jesús, mi Señor.

Hoy las criaturas necesitan

ver gentes que vivan a Dios,

que, como el aire, den la vida sin cobrar

y en este mundo que quema sean frescor.

Que sean los brazos del que no tiene

y pies del que no caminó,

el corazón del que no supo amar

y cuerpo del que mucho sufrió.


HAY CAMINOS POR ANDAR

Jn 14,6

Tú que andas: sí hay caminos, lo que hace falta es buscar.

Caminante, no lo dudes, hay caminos por andar.

Hay caminos por andar o que poco se anduvieron

y aunque muchos se cansaron, fue andando senderos viejos.

Como el pueblo de Israel que en su andar por el desierto

olvidó su libertad para añorar el destierro.

Cuando la ilusión y el gozo repiten sus sentimientos,

se está matando la vida que quiere alcanzar l
o eterno.

No «lo eterno» del mañana, que será siempre algo incierto

sino vivir hoy, en todos, como se vive en el cielo.

Si queremos un futuro fruto de un presente incierto,

no podemos esperar más que duda y desconcierto.

Sólo el presente que vive para hacer realidad los sueños

un futuro nos dará que haga presente el Reino.

Hay caminos por andar que al cruzarlos son violentos

y entre temblores y dudas se recorren muchos trechos.

Más algo interior nos dice: «En ni nombre, recorredlo,

que yo voy por delante, Yo Soy: ¡no tengáis miedo!”

1 comentario en “Escuelita III

  1. Héctor

    Esta tarea que estamos iniciando va en exclusiva orientada al conocimiento real de lo que hacemos.
    Porque si somos «fieles» en libertad a lo que creemos y hacemos, pero eso no está precisamente en la línea del Proyecto de Dios y Mensaje de Jesús de Nazaret, entonces «desparramamos».
    Qué lástima la cantidad de desparramamiento que existe en este mundo.

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