Escuelita XIV

Al comienzo se habla de que la Escuelita está sirviendo para detectar algo que – en lo distinto personal y por separado – nunca se había dado como consecuencia de un cuestionamiento deseado por todos. Con ello, buscamos un resultado conjunto del que partir a favor de lo esencial de la historia: Búsqueda del Espíritu de Dios.

  • Volvemos a hablar sobre HABER – SABER – SER. Tras esto, nos cuestionamos, ¿qué respondo ante lo que hay en mí, lo que sé, lo que soy?
  • Con lo que estamos hablando se nos plantea un dilema histórico, que últimamente se ha hecho mayor. En la unificación de vida y pareceres, nosotros abogamos por la libertad. El padecimiento más grande que yo capto no es el de la persona que camina en medio de inestabilidades y caos. Para mí, quienes plantean los problemas son los que no están enganchados a aquello que queremos construir, porque en el fondo no saben de lo que se trata. ¿Cómo saber que estamos en esa unificación, según es y tiene su razón en la Palabra? Esto, ¿cómo puede ser discernido desde la Regla Única, sabiendo que desde la libertad exige una respuesta fiel?
  • Toda acción escuchada o planteada ha de ir enfocada a la unificación y crecimiento de la persona.
  • En las intervenciones de distintas situaciones ha de estar claro que intervendrán aquellos que tengan conocimiento de lo que arrastra cada una de ellas. No todos sirven en todas, y cuando no sabemos, no todo lo que pensamos tiene validez.
  • ¿Se puede cambiar solos? Llevamos muchos años haciéndonos las mismas preguntas, y siempre estamos igual. Yo soy quien soy. Lo que buscamos es “qué quiero para mí”, algo que me mueva… y no solo eso, sino convertirnos.
  • Últimamente se ha hablado de examinarnos, dicho y sentido como algo, no contemplado sobre la marcha. Hemos de descubrir ese ente con autoridad que tenga como referencia la raíz esencial que nos ha mostrado la historia, y con ella, la misión que nos ha suscitado.
  • Es el Espíritu el que nos convierte. ¿Qué significa para nosotros lo que nos dicen los otros? ¿Quién puede cambiar lo que soy? Y si sé que lo quiero, sé que no voy a cambiar a solas. Tengo que aportar y buscar en lo que los demás dicen al respecto. ¿Cómo hacerlo yo sola, con mi vida afianzada? ¿Cómo darme cuenta de lo que no hago bien, de lo que no es?
  • Ni estamos ni somos solos. Cualquier gesto del otro ya tiene sobre nosotros incidencia. Aún siendo yo, no soy yo, ni siquiera yo siempre el mismo. Y a pesar de esto, en absoluto dejamos de ser únicos. Además hay algo más. Nadie debe dejar de ser el que es, jamás podremos ser lo que no somos.
  • Creo que se ha querido decir que además del trabajo personal, necesitamos herramientas que nos ayuden para poder seguir avanzando.
  • Es una de las concreciones que se saca de lo que se ha dicho. Alguien ha dicho aquí que lo que hace falta a otros es un psicólogo. En esto quien lo decía no se incluía.
  • La historia nos ha dado como una condición importante “hacer pensar”, dentro de una libertad que nos lleve a no tener “ni siquiera invitación”.
  • En algún tiempo pasó por aquí un psicólogo. Pienso que lo personal ya está muy tratado.
  • Debemos seguir avanzando.
  • Existen personas que dan cursos sobre ambientación, introducción, profundización… Nos pueden ayudar y darnos esas herramientas que necesitamos. Podemos invitar a alguien que nos la proporcione.
  • Somos cauce administrador de un proyecto de Dios, distinto entre los que comúnmente existen.
  • Estamos entrando en una nueva dimensión experiencial de la Escuelita.
  • En lo personal y de cara a lo conjunto hemos avanzado, hemos tomado conciencia de que es algo a lo que hemos de estar atentos toda la vida. Sin olvidar esto, vemos que hay otras cosas en las que pensar. Antes ha sido sobre mi vocación. Ahora, mi vocación en función de esta historia, más aún si sabemos que todo lo que se recibe conlleva una interiorización y aportación distinta, guiada desde como cada uno entendemos la libertad.
  • No me va a estorbar nada de lo que nadie me venga a decir, influirá en mí en la medida de lo que busco y pienso. Y esto lo siento hasta no importarme una planificación que toque problemas concretos. Sí  he de alertarme y saber que esto es para toda la vida, no para tomarlo y dejarlo. Necesitamos rumiarlo, y pienso que si vamos tomando conciencia de lo que significa la libertad que disfrutamos para decidir, ello nos dará pautas de exigencia gozosa que no imaginamos.
  • Para todo esto necesitamos un camino. ¿Para qué tenemos este espacio? Vamos a examinarlo, y hagamos un trabajo entre todos. Si lo hacemos dará su fruto.
  • Finalmente se habló sobre las peticiones de algunos, que quieren tratar y crecer en otras materias, que entren dentro del sentido y línea de lo vivido hasta ahora. Se habló de la posibilidad de rescatar todos los temarios que en los primeros tiempos se estudiaron. Y con ellos, recordar personas, celos, hambres, conocimientos, ilusiones… Eso que se nos recuerda en la Palabra de Dios, rescatar el Amor Primero.

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