Escuelita XIII

Al comienzo de la charla se recuerdan las últimas cosas que se oyeron en la anterior escuelita:

  • El que no escucha es porque no está seguro de sí mismo, y no es libre.
  • Es muy importante entrar en un camino de conciencia.

  • Lo más claro que me queda hasta ahora es saber que estamos ante un aprendizaje que lo es en razón de lo que cada uno quiere y siente. En cuanto a su conocimiento de base, esto me queda claro. Por otro lado, todo ha estado muy centrado en ver personalmente luces y sombras. Esto no deseo cerrarlo. También veo que he de confrontarlo con la vida y con todo lo que nos vaya cuestionando la Palabra, los rasgos fundamentales, la regla única. Buscar desde la nada lo doy por cerrado, aunque estoy dispuesto a abrirlo, si lo veo necesario.

  • El fin de semana pasado se ha hablado mucho, en pequeños grupos, afines en sus ideas. La escuelita ha de ser el espacio en el se hable todo. Yo veo hasta ahora una separación entre la escuelita y la vida. Esto me resulta chocante, y algunos lo llevan muy mal. Es preferible enfadarnos juntos a tener conversaciones diplomáticas Esto no nos lleva a generar algo positivo. Hemos de ir abriéndonos y no cerrándonos. Hemos de plantearnos, ¿escuchamos atentos lo que oímos? Yo aporto el que exista algo en lo que confrontarnos, algo común a todos. No podemos estar mirándonos exclusivamente a nosotros mismos.

  • O.K. en lo que se ha dicho, salvo decir que si nos vemos en minigrupos es porque no tenemos espacios comunes. Y esto ocurre porque por alguna razón no descubierta en su profundidad, no hablamos para no herirnos. Es más que obvio que estamos llamados a corregirlo, ya que no puede ni debe suceder.

  • Esta confrontación no puede ser la misma para todos, no todos necesitamos lo mismo.

  • La escuelita está dando resultados. Lo que estamos hablando implica la necesidad de una toma personal de conciencia.

  • Lo que estamos tratando es el resultado de contemplar cosas que nos ocurren, y que no solo nos duelen y vemos mal sino que nos parece y resultan dañinos y separatistas, destructivas, y hace saltar una alarma, que en esta ocasión nos comienza a producir algo más que el dolor de lo que no está bien tratado. Como consecuencia nos lleva a darnos cuenta del problema profundo de la dispersión. Estamos entrando con mayor o menor conciencia cada uno por sí mismo, en un problema que nos trasciende y que hasta ahora nos ha resultado imposible solucionarlo.

  • Hemos de tener claro hacia donde miramos, para saber qué es lo que queremos. Se supone que los que estamos aquí estamos todos a por lo mismo. ¿Dónde está lo distinto? Lo que estamos diciendo, ¿cómo se aclara? ¿Qué queremos decir cuando hablamos de estar en lo mismo?

  • Lo que estamos hablando habla por sí mismo que tenemos ante nosotros un largo camino que recorrer, porque vemos que no estamos todos en lo mismo. No tenemos los mismos sentimientos ni entendimientos sobre el proyecto recibido, no son iguales las formas de enfocarlo.

  • Que hable la vida sobre lo que nos planteamos, lo que nos mueve.

  • Cada uno se conduce movido por aquello que le interesa, ¿nace de una voluntad clara o del libre albedrío? Se recuerda un artículo del libro “Laicos”, que habla de SABER – SER – HACER. En estos tres conceptos pueden darse motivaciones que no tienen unidad entre sí, posiblemente en nosotros.

  • Aquí hemos aprendido que no podemos prescindir de nadie. No solo podemos y debemos buscar a los afines y “empáticos, sino a todos. Hemos de analizarnos y ver y constatar qué es lo que realmente queremos. Hemos de buscar la universalidad del sentido comunitario. No quiero entrar en casuísticas, pero sí hemos de saber si nuestra vida responde a aquello que queremos, qué ven en nosotros en lo que vivimos, hablamos queremos.

  • Nuestra mayor confrontación y exigencia está en la honestidad de certificar que lo que decimos se está conduciendo según lo manifestamos.

  • Se trata de decir SI o NO. La libertad no se busca. Es una virtud que se adquiere desde un talante arraigado desde el hambre por buscar el Espíritu de Dios, enganchados al tren de la búsqueda de Dios en la Palabra, teniendo a esta como tablón de discernimiento. Otra cosa es otra cosa. El cristiano solo se puede vivir desde la búsqueda de Dios, y ésta, sincera.

  • Se lee un artículo de la revista “Utopías”, en la que se habla que no somos esclavos de Dios. Dios, más que de padre tiene comportamientos de madre. Nosotros preferimos una madre protectora a la un padre que nos exige. Sobre esto, ¿discernimos con otros o lo hacemos solo, personalmente? Asumamos la responsabilidad de construir nuestra propia existencia.

  • No caigamos en el sentimiento de hacerlo mal. Evitémoslo o difícilmente nos sentiremos liberados. Hemos de pensar y construir esa revolución interior que nos lleva a la unidad y a la verdad íntima. Podemos pensar que estamos cam
    inando y, sin apreciar nuestra confusión, no nos damos cuenta de estar parados. Tenemos que disfrutar con lo que hacemos y evitar los autocondicionamientos que tenemos.

  • La comunidad es fruto del Espíritu, donde varios no son más que UNO.

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