Escuelita XI

Con la presencia de amigos de la tierra pero no asiduos a la vida de la misma, en esta ocasión hemos desarrollado la reunión con personas que venían para preparar un próximo encuentro de jóvenes de Trigueros aquí en la tierra de todos.

Entre otras cosas se escucharon las siguientes:

  • La Escuelita de Raíces y Horizontes es algo que en un principio se trabaja desde y para lo personal, estrictamente. Nadie la lleva. La marcha de la misma va orientándose desde las intervenciones de cada uno que se manifiesta. Evidentemente, al ser así es ello lo que la enriquece y al no ser orientada es, en lo inesperado y lo no proyectado lo que nos detecta aquello que en lo personal nos puede resultar negativo o improcedente. Desde ahí, cada quién hace su propia reflexión que por supuesto, ejerce una influencia que de una u otra forma tiene su incidencia. Es, desde aquí, como Dios se vale de los presentes, dado su momento, sus circunstancias, su inquietud, su celo, su “desencuentro” consigo mismo y lo que desde ahí Dios puede hablar de forma distinta a cada uno.
  • Estas cosas suponen para cada uno muchas preguntas añadidas. Y muy profundas.
  • Por una reunión mantenida días atrás me he encontrado con muchas cosas de esta historia, que no conocía. Y en ello he visto, no el trabajo de una persona sino de mucha gente, a lo largo de 28 años.
  • Hoy nos seguimos haciendo las preguntas de siempre. Para contestarlas hay muchas puertas abiertas. Alguien me decía que en la teoría nos merecemos un diez, pero en el día a día un cero.
  • La cruz está anclada en el suelo y no podemos perderla de vista. No podemos vivir como bohemios.
  • La recompensa está aquí. No hay que esperarla para después. Es posible que no veamos lo que en cada jornada recibimos.
  • Me da miedo ser, no radicales pero sí extremistas. Los escalones que vamos subiendo son pequeños. Es más que claro que la tierra de Pueblo da un zarandeo para volver a soñar con las raíces. La perfección definitiva no se da aquí en la tierra en que nacimos y vivimos. ¿Quién puede medir la eficacia y el valor de lo que se hace?
  • Muchas veces pasamos momentos malos en la vida pero todo se supera. No seamos duros con nosotros.
  • Indudablemente lo somos más que Dios.
  • Es porque hay cosas de Dios que no las creemos. En todo, Dios quiere intervenir para bien, sea lo que sea, aunque para nada queramos lo que nos está pasando. Si no lo siento así y no quiero sacar algo de Dios positivo en todo, nos destruimos.
  • Hemos de presentar un Dios más humano. ¡Cuidado con lo que hacemos!
  • Jesús pasaba muchas horas en el Tabor.
  • Hemos de ilusionar desde un Dios factible, no desde las nubes.
  • Hemos de reconocer el Espíritu y la Verdad de nuestros pensamientos y aportaciones. ¿Qué hay verdaderamente en ellos?: ¿encarnación, misericordia, Esperanza en Dios, sumergidos en su realidad con hambre de responder…?

Finalmente leímos la Palabra de Dios:

“YO os digo: pedid y recibiréis; buscad y encontraréis; llamad y os abrirán. Porque todo el que pide recibe, el que busca encuentra, y al que llama le abren. ¿Qué padre entre vosotros, si su hijo le pide un pez, le va a dar en vez del pescado, una serpiente? ¿O si le pide un huevo le va a dar un escorpión? Pues si vosotros, aún siendo malos, sabéis dar a vuestros hijos cosas buenas, ¿cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que lo pidan? Lc. 11

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